Una alimentación balanceada sirve como escudo para evitar la malnutrición en todas sus variantes. Además, constituye una pieza clave en la prevención de enfermedades cardíacas, metabólicas, cerebrovasculares, respiratorias e incluso algunos tipos de cánceres.
A nivel mundial, la dupla que conforman el sedentarismo y una dieta deficiente se encuentra entre las principales causas que comprometen la salud.
Desde los primeros años de vida, se forman los hábitos alimentarios. Gracias a la lactancia materna se promueve un crecimiento sano y un desarrollo cognitivo favorable. A largo plazo, la lactancia materna minimiza la propensión a sufrir sobrepeso y obesidad. Así como otras enfermedades no transmisibles durante la vida.
Por tanto, desde la niñez es evidente la relación entre alimentación y salud, ya que la dieta influye en el bienestar de cada persona.
Una nutrición balanceada y un seguro adecuado: dos pilares de tu salud
Para prevenir el sobrepeso y la obesidad es esencial cuidar el equilibrio entre la ingesta calórica y el gasto calórico. Es recomendable que las grasas constituyan como máximo 30% de la ingesta calórica total.
Tanto el sobrepeso como la obesidad perjudican la calidad de vida. Las personas que las padecen están más expuestos a sufrir enfermedades cardíacas, diabetes, hipertensión, osteoartritis, apnea del sueño, etc.
Esto es solo una muestra de los diferentes problemas de salud que pueden derivar de una alimentación deficiente. Por ello, contar con seguros médicos es esencial, ya que gracias a la diversidad de pólizas y consultas podrás atender cualquier eventualidad asociada a tu salud.
Tendrás servicios para cada necesidad, como pediatría para los más pequeños, pasando por medicina preventiva para evitar el desarrollo de enfermedades latentes. Además, contarás con medicina general que será el primer paso para una vida sana.
Junto al desequilibrio entre la ingesta/gasto de calorías, existen otros desarreglos a nivel nutricional que comprometen la salud. Entre ellos, un consumo elevado de sal que se relaciona con la hipertensión, cardiopatías e incluso ECV.
Asimismo, una ingesta alta de azúcar trae como consecuencia el desarrollo de diabetes. Cuida tu salud en cada bocado gracias a la guía de expertos. Si estás incurriendo en algún error nutricional, los especialistas te ayudarán a corregirlo.
Claves para mantener una dieta balanceada
Experimenta la tranquilidad de una nutrición que se adapte a tu estilo de vida, necesidades alimenticias y te permita estar saludable. Algunos aspectos a considerar son:
Consume hortalizas, verduras y frutas
Lo más recomendable es ingerir un promedio de cinco porciones de verduras y frutas a lo largo del día. Esto equivale a 400 gramos que garantizarán la ingesta diaria de fibra dietética.
Lograrlo es sencillo si incluyes verduras en cada comida. Opta por verduras crudas o frutas frescas entre comidas. Ingerir verduras y frutas de temporada es ecológico, práctico, económico y saludable.
Procura tener siempre una amplia variedad de verduras y frutas a tu alcance para probar diferentes formas de comerlas en sopas, ensaladas, salsas, como complementos, etc.
Reduce la ingesta de grasas
Si minimizas el consumo de grasa por debajo del 30%, estarás previniendo el incremento insano de peso. Hay tips esenciales para regular la ingesta de grasas trans y grasas saturadas, entre ellos: optar por hervir o cocer al vapor en lugar de freír las comidas.
Sustituye la mantequilla clarificada, la manteca de cerdo y la mantequilla por aceites de girasol, cártamo, maíz o soja. También puedes retirar la grasa visible de la carne, elegir carnes magras y productos lácteos desnatados.
Minimiza los alimentos fritos u horneados de tu dieta. Asimismo, reduce los snacks envasados que tengan grasas trans.
Ingiere menos sal
Lo más sano es consumir menos de 5 gramos de sal, lo que sería aproximadamente una cucharadita diaria. Esta sencilla medida es capaz de prevenir 1.7 millones de muertes anuales. Realizando algunos pequeños cambios, cuidarás tu salud de forma constante.
Regula la cantidad de sal al evitar condimentos con abundante sodio como el caldo, salsa de pescado y salsa de soja al preparar tus comidas. Mantén fuera de la mesa las salsas ricas en sodio y la sal, alejarás la tentación.
Controla la ingesta de bocadillos salados. De igual forma, es recomendable que la sal sea yodada. Prefiere productos con un contenido menor de sodio, para ello, desarrolla el hábito de leer las etiquetas de los alimentos. Complementa al elevar tu consumo de potasio a través de verduras y frutas frescas.
Minimiza la ingesta de azúcares libres
Los azúcares libres son aquellos que están en concentrados de frutas, zumos, jarabes e incluso la miel. Tanto niños como adultos, por igual, necesitan reducir el consumo de azúcares a menos del 10% respecto a la ingesta calórica total.
Es decir, al equivalente a doce cucharaditas rasas de azúcar. Por otra parte, consumir estos azúcares incrementa la propensión a sufrir caries dental.
El aporte excesivo de calorías de bebidas y alimentos ricos en azúcares libres pueden ocasionar sobrepeso y obesidad. Asimismo, está comprobado que alteran la tensión arterial junto a los lípidos séricos.